¿Eres de los que dejas hacer a tu equipo? ¿Pones mano dura y tomas tú las decisiones? ¿Consultas a tu gente y la puerta de tu despacho está siempre abierta?
Seguramente tu estilo de liderazgo ha ido evolucionando a lo largo de los años, pero también es seguro que reconocerás alguna conducta en estas preguntas que habitualmente pones en práctica. Para que puedas “diagnosticarte”, te contamos cuáles son los tipos más habituales y sus características.
1. Líder Laissez-faire:
El líder “blandito”, el que “deja hacer”. Si eres así, intervendrás y controlarás poco el trabajo de tus empleados porque confías plenamente en su capacidad para ejecutar y tomar las decisiones adecuadas.
Con estas premisas, solo se tratará de un liderazgo apropiado si nuestro equipo está altamente motivado y preparado en hard y soft skills y hay absoluta transparencia y honestidad en todos los procesos. De lo contrario, desembocará en descontrol y falta de cumplimiento de las obligaciones.
2. Líder democrático
Es el líder del consenso. Provoca la participación de su equipo, promoviendo opiniones, criterios y puntos de vista diferentes. La decisión final será suya, pero durante el proceso se refuerzan ideas como la unidad de propósitos o metas, la confianza depositada en los/as empleados/as, la sensación de pertenencia, etc.
Si eres así, mantendrás con frecuencia conversaciones abiertas, generarás buen ambiente y una elevada seguridad psicológica. Aunque tiene más ventajas que desventajas, a veces en la contraposición de opiniones, puedes encontrarte posturas muy opuestas que quizá dificulten el proceso. Tendrás que tener altas habilidades comunicativas y un extenso conocimiento en negociación.
3. Líder autocrático
Es el dinosaurio de los líderes, el estilo a extinguir. Jerarquía y cadena de mando son sus señas de identidad. Si este es tu estilo, sentimos decirte que seguro que despiertas más de una inquina entre tu gente.
A este tipo de líder le gusta dar instrucciones, que sean obedecidas y que se respete el statu quo. Podremos reconocerlo a través del cine en películas que nos muestran las relaciones empresariales de hace décadas, pero hoy en día es una tipología, por suerte, escasa. Con grandes desventajas en su uso, solo es aceptado en entornos militares. En el resto, mejor hacer propósito de cambio.

4. Líder transaccional
Basa su manera de actuar en el intercambio de intereses con su equipo. Tú me das un nivel óptimo de trabajo que me produce ganancias, yo te recompenso. Es la visión más pragmática del liderazgo, una manera fría y distante de dirigir.
Con un estilo altamente racional y muy poco emocional, su enfoque está centrado en la consecución de objetivos y en el trabajo con una calidad y procesos estandarizados. En situaciones de crisis, puede ser muy útil para centrar el tiro y poner foco en lo importante. En el largo plazo, es un liderazgo poco motivador.
5. Líder trasnformacional
Su misión es la búsqueda constante de la excelencia. Tiene una visión global muy amplia de las tareas, los perfiles, las responsabilidades y las formas de desempeñar las tareas. Así que intenta extraer los talentos de su gente y no tiene pereza en cambiar estructuras o maneras de funcionar, si percibe algún tipo de mejora en la organización.
Suelen ganarse el respeto de sus equipos y tienen alta capacidad motivadora. ¿Qué más se puede pedir? Pero ¡cuidado! Al basarse más en valores e ideas que en incentivos, reglas o instrucciones corren el riesgo de no ser demasiado eficientes en crisis puntuales que requieren meter bisturí y análisis.
Dale una vuelta y decide en qué estilo estás. Si quieres revisarlo y reconducirlo, en OyE podemos ayudarte.
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