En esta entrega de «Hablando con…», recibimos a Encarnación Quevedo, maestra, pedagoga y autora, para reflexionar sobre la importancia de las emociones, la neurociencia aplicada a la infancia y el impacto del vínculo de apego en nuestras vidas.
Encarnación explica cómo su propia hija, Celia, se convirtió en su gran maestra. A pesar de contar con amplios recursos educativos por su profesión, enfrentarse a las intensas rabietas de su hija la llevó a un punto de inflexión al comprender que intentar corregir únicamente la conducta o reprimir la emoción no funcionaba. Aquella experiencia la impulsó a formarse en el desarrollo del cerebro infantil y en la teoría del apego, transformando su visión de la educación y llevándola a escribir su cuento Solo un besomón.
A través de una sencilla metáfora, Encarnación plantea el cerebro como un río donde el bienestar emocional consiste en fluir por el centro, conectando la razón y la emoción. Cuando una emoción intensa desborda a un niño o a un adulto, se produce un «secuestro amigdalino» que desconecta temporalmente la parte racional, haciendo imposible que se calme por sí solo. En esos momentos, la labor del cuidador o del líder es acompañar desde la presencia calmada, validando lo que siente para ayudarle a reconectar y construir un apego seguro.
Esta forma de entender los vínculos no solo transforma el ámbito familiar, sino también el entorno profesional. Los estilos de apego desarrollados en la infancia condicionan la forma en que nos relacionamos de adultos. En las empresas, los líderes que gestionan sus relaciones desde la seguridad y la empatía consiguen generar un mejor clima laboral, fomentan la colaboración y construyen equipos mucho más sólidos a largo plazo.
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